La nómina es un documento que casi todo el mundo recibe cada mes y casi nadie lee más allá de la última cifra. Es comprensible: el formato es denso, está lleno de abreviaturas y no viene con instrucciones.
Pero tiene una estructura fija, regulada, y una vez la reconoces se lee en dos minutos. Vamos por bloques, de arriba abajo.
Bloque 1: el encabezado
Arriba aparecen los datos identificativos de la empresa (nombre, domicilio, CIF y código de cuenta de cotización) y los tuyos: nombre, DNI, número de afiliación a la Seguridad Social, categoría profesional, grupo de cotización y fecha de antigüedad.
Aunque parezca puro trámite, hay dos datos que conviene mirar bien. La antigüedad, porque de ella dependen la indemnización en caso de despido y algunos complementos. Y la categoría o grupo profesional, porque determina qué convenio y qué tablas salariales te aplican.
Bloque 2: devengos, o todo lo que has generado
Es la parte que suma. Se divide en dos grupos que tributan y cotizan de forma distinta:
- Percepciones salariales: salario base, complementos (antigüedad, puesto, productividad, nocturnidad), horas extraordinarias, pagas extra si van prorrateadas y comisiones. Es retribución por tu trabajo y, con carácter general, cotiza y tributa.
- Percepciones no salariales: dietas, plus de transporte, gastos de locomoción, indemnizaciones. No retribuyen el trabajo, sino que compensan un gasto, y por eso tienen un tratamiento distinto, con límites exentos que fija la normativa.
La suma de todo esto es tu salario bruto del mes. Es la cifra que aparece en tu contrato, y la que nunca coincide con lo que ingresas.
Bloque 3: deducciones, o todo lo que se resta
Aquí está la explicación de la diferencia. Verás varias líneas:
- Contingencias comunes: tu aportación a la Seguridad Social para enfermedad común, maternidad y jubilación.
- Desempleo: lo que aportas para tener derecho a la prestación por desempleo.
- Formación profesional: una aportación pequeña destinada a formación.
- Mecanismo de equidad intergeneracional (MEI): una cotización adicional finalista, introducida para reforzar el sistema de pensiones.
- Retención de IRPF: el anticipo del impuesto sobre la renta. Suele ser la deducción más grande.
- Otras deducciones: anticipos que hayas pedido, cuotas sindicales, embargos judiciales o descuentos por productos de la empresa.
Bloque 4: líquido a percibir
Devengos menos deducciones. Es el número que acaba en tu cuenta y el único que la mayoría de la gente mira.
Si haces la resta y no cuadra con la transferencia recibida, es motivo suficiente para preguntar en administración. No es raro que existan diferencias por embargos, anticipos o regularizaciones, pero deben estar reflejadas.
Bloque 5: las bases de cotización (el que nadie mira y más importa)
En la parte inferior aparece un bloque con las bases de cotización: base de contingencias comunes, base de contingencias profesionales y base sujeta a retención de IRPF. Junto a ellas, la aportación de la empresa.
Este bloque es el más importante a largo plazo y el que menos se revisa. Tu futura pensión de jubilación y tu prestación por desempleo se calculan sobre estas bases, no sobre lo que ingresas.
Si tu base de cotización es inferior a la que te corresponde por tu salario real —algo que ocurre cuando parte de la retribución se abona fuera de nómina—, estás perdiendo derechos futuros que no se pueden recuperar después. Es la razón principal por la que cobrar «una parte en B» sale caro aunque a fin de mes parezca lo contrario.
La revisión mensual de dos minutos
No hace falta auditarla entera. Con comprobar estos cinco puntos cada mes vas sobrado:
- Que los días trabajados del periodo sean correctos, especialmente si hubo bajas, vacaciones o incorporación a mitad de mes.
- Que el salario base coincida con lo pactado y con las tablas de tu convenio.
- Que las horas extra realizadas aparezcan reflejadas y pagadas.
- Que la base de cotización se corresponda con tu retribución real.
- Que el tipo de retención de IRPF sea coherente con tu situación y no haya cambiado sin motivo.
Un apunte final: la empresa está obligada a entregarte la nómina y tú tienes derecho a conservarla. Guardar las nóminas de toda tu vida laboral no es manía de archivador: son la prueba de tu antigüedad, de tu salario y de tus cotizaciones si alguna vez hay una discrepancia.