Firmas un contrato por 30.000 € brutos anuales, haces la división mental entre doce y esperas unos 2.500 € al mes. Llega la primera nómina y son bastante menos. La sensación de que algo no cuadra es universal, y la explicación tiene dos capas que conviene separar bien, porque funcionan de forma muy distinta.
Primera capa: las cotizaciones a la Seguridad Social
De tu salario bruto se descuenta una aportación a la Seguridad Social que, en el caso del trabajador por cuenta ajena, se reparte en varios conceptos: contingencias comunes, desempleo, formación profesional y el mecanismo de equidad intergeneracional.
Sumados, suponen un porcentaje relativamente pequeño y bastante estable del bruto. Lo característico de esta capa es que es prácticamente plana: no sube porque ganes más, salvo por la existencia de una base máxima de cotización a partir de la cual deja de cotizarse el exceso.
Los porcentajes concretos de cada concepto se fijan cada año en la Ley de Presupuestos y en las órdenes de cotización, así que conviene comprobarlos en la Seguridad Social para el ejercicio en curso en lugar de fiarse de una cifra memorizada.
Es importante entender qué estás comprando con ese dinero: no es un impuesto sin contrapartida. De ahí salen tu derecho a paro, tus bajas por enfermedad y tu futura pensión de jubilación. La cuantía de esa pensión depende directamente de lo que hayas cotizado y durante cuánto tiempo.
Segunda capa: la retención de IRPF
Aquí es donde se produce la mayor parte de la diferencia, y donde está el matiz que más confusión genera.
La retención de IRPF no es un impuesto distinto: es un anticipo del IRPF que liquidarás en la declaración de la renta. Tu empresa calcula cuánto vas a deber aproximadamente al final del año, lo divide entre las nóminas y se lo va entregando a Hacienda en tu nombre.
A diferencia de las cotizaciones, esta capa sí es fuertemente progresiva: el porcentaje sube conforme sube el salario. Y no depende solo de cuánto ganas, sino de tu situación personal.
Por qué dos compañeros con el mismo sueldo cobran distinto
Es una situación habitual y desconcierta a mucha gente. Dos personas con el mismo bruto pueden tener retenciones muy distintas porque el cálculo tiene en cuenta circunstancias personales:
- Hijos y otros descendientes a cargo, y su edad.
- Ascendientes a cargo que convivan contigo y cumplan los requisitos.
- Situaciones de discapacidad, propias o de familiares a cargo.
- El tipo de contrato y su duración prevista.
- La comunidad autónoma de residencia, porque el IRPF tiene un tramo autonómico con escalas propias.
- Pagos por pensiones compensatorias o anualidades por alimentos fijadas judicialmente.
Ese último punto explica algo que sorprende a quien se muda: el mismo sueldo bruto puede dar un neto distinto según la comunidad autónoma, porque cada una aprueba su propia escala autonómica.
El coste real para la empresa es bastante mayor
Hay una tercera pieza que no aparece en tu nómina y que conviene conocer, porque cambia la perspectiva en una negociación salarial.
Además de lo que se te descuenta a ti, la empresa paga su propia cotización a la Seguridad Social por tenerte contratado, y es sensiblemente mayor que la tuya. Cubre contingencias comunes, desempleo, formación, Fogasa y accidentes de trabajo.
Eso significa que tu coste para la empresa es notablemente superior a tu salario bruto. Cuando en una negociación te dicen «subirte 1.000 € nos cuesta más de 1.000 €», es literalmente cierto. Y también explica por qué a veces resulta más fácil negociar mejoras que no son salario directo.
Prorrateo de pagas: por qué catorce pagas se ven distintas a doce
Un mismo bruto anual puede repartirse en doce pagas o en catorce (doce mensualidades más dos extraordinarias). El total del año es el mismo, pero la sensación mensual cambia mucho.
Con catorce pagas, las mensualidades ordinarias son más bajas y dos veces al año llega un ingreso mayor. Con doce, el reparto es uniforme porque las extras van prorrateadas dentro de cada nómina.
Comparar dos ofertas mirando el neto mensual sin comprobar cuántas pagas incluye cada una es uno de los errores más frecuentes al cambiar de trabajo.
Qué puedes comprobar tú mismo
Sin ser experto, hay tres cosas que puedes verificar en tu propia nómina:
- Que la base de cotización se corresponda con tu salario. Si es más baja de lo que te corresponde, estarás generando menos derechos futuros.
- Que tu situación familiar esté correctamente comunicada a la empresa mediante el modelo 145. Si tuviste un hijo o cambió tu situación y no lo actualizaste, tu retención puede no reflejarlo.
- Que el tipo de retención tenga sentido con tu nivel de ingresos. Una retención muy baja puede parecer buena noticia cada mes y convertirse en una liquidación desagradable en junio.