«No pongas todos los huevos en la misma cesta» es probablemente el consejo financiero más repetido de la historia. También es de los peor aplicados, porque mucha gente cree estar diversificando cuando en realidad está comprando el mismo riesgo con etiquetas distintas.
Merece la pena entender qué hace exactamente la diversificación, porque tiene un límite muy concreto que conviene conocer.
Dos riesgos distintos, y solo uno se puede eliminar
El riesgo de una inversión se puede separar en dos componentes.
El primero es el riesgo específico o no sistemático: lo que le puede pasar a una empresa concreta. Un fraude contable, un producto que fracasa, una sentencia adversa, un directivo que toma una mala decisión. Es un riesgo propio de ese activo.
El segundo es el riesgo sistemático o de mercado: lo que afecta a todo a la vez. Una recesión, una crisis financiera, una subida general de tipos de interés, una pandemia.
La diversificación elimina el primero de forma muy eficaz y no puede hacer nada contra el segundo. Repartir entre cien empresas te protege de que una quiebre; no te protege de que caiga el mercado entero.
Esto explica algo que desconcierta a mucha gente en las crisis: «tenía la cartera diversificada y aun así perdí un 30 %». Efectivamente, porque en una caída general la diversificación no está diseñada para salvarte.
La asimetría que hace peligrosa la concentración
Hay una matemática incómoda detrás de concentrar: las pérdidas y las ganancias no son simétricas.
Si un activo cae un 50 %, necesitas que suba un 100 % para volver al punto de partida. Si cae un 80 %, necesitas un 400 %. La recuperación exige mucho más de lo que costó la caída.
Con una sola acción, un evento específico puede provocar una caída de ese calibre sin que el resto del mercado se mueva. Con cien, ese mismo evento afecta a una centésima parte de tu cartera. No es que ganes más diversificando: es que dejas de estar expuesto a la ruina por un único suceso.
Cuántos activos hacen falta
La reducción del riesgo específico no es lineal: cae muy rápido al principio y luego se aplana.
Pasar de una posición a diez reduce muchísimo el riesgo específico. De diez a treinta, todavía se nota. De treinta a cien, la mejora ya es pequeña. Y de cien a mil, prácticamente marginal.
Por eso, a partir de cierto punto, añadir posiciones no diversifica más: solo complica el seguimiento. Un fondo indexado amplio resuelve esto de un plumazo, porque da acceso a cientos o miles de empresas con una sola decisión.
La diversificación falsa
Este es el error más común y el más difícil de detectar desde dentro. Consiste en tener muchas posiciones que en realidad responden al mismo riesgo:
- Cinco fondos distintos que replican prácticamente el mismo índice. Cambian el nombre y la gestora, no el riesgo.
- Una cartera de acciones «variada» compuesta por seis bancos. Cuando el sector sufre, sufren todos a la vez.
- Toda la inversión en el mercado del país donde además tienes tu trabajo y tu vivienda. Si la economía local se hunde, se hunden a la vez tu empleo, tu casa y tu cartera.
- Varios activos distintos que se mueven al unísono en las caídas fuertes. La correlación entre activos tiende a aumentar precisamente en los momentos malos, que es cuando más falta haría que no lo hiciera.
El último punto es especialmente relevante: diversificar de verdad no es tener muchas cosas, es tener cosas que no dependan de lo mismo. Y eso se comprueba mirando de qué depende cada posición, no contando cuántas hay.
El sesgo del propio patrimonio
Hay una forma de concentración que rara vez se considera: la que ya tienes fuera de tu cartera.
Si tu vivienda es tu principal activo, tu patrimonio ya está muy concentrado en el mercado inmobiliario de una ciudad concreta. Si además trabajas en el sector de la construcción, la concentración es doble. Y si encima inviertes en empresas del ladrillo, triple.
Mirar la diversificación solo dentro de la cartera de inversión, ignorando la vivienda y la fuente de ingresos, deja fuera la parte más grande del riesgo real de la mayoría de la gente.
El coste de diversificar
Conviene decirlo también: diversificar tiene un precio, y es renunciar a los resultados extremos. Nunca vas a tener la rentabilidad de quien acertó de pleno con una única apuesta.
La contrapartida es que tampoco tendrás la de quien se equivocó de pleno. Para quien invierte a treinta años con un objetivo concreto, evitar el escenario catastrófico suele importar bastante más que optar al escenario espectacular.