Cada mes aparece un titular con el dato del IPC y una discusión sobre si los precios suben más o menos de lo esperado. Muy pocas veces se explica qué es realmente ese número y de dónde sale.
Merece la pena, porque el IPC no es un dato decorativo: se usa para actualizar pensiones, revisar alquileres, negociar convenios colectivos y decidir política monetaria.
Quién lo calcula y cada cuánto
El IPC lo elabora y publica el Instituto Nacional de Estadística (INE), con carácter mensual. Se difunde un avance a final de mes y el dato definitivo a mediados del mes siguiente.
Es una estadística oficial sujeta a una metodología pública y a estándares europeos, no una estimación de coyuntura.
La cesta de la compra
El IPC mide cómo evoluciona el precio de una cesta de bienes y servicios representativa del consumo de los hogares españoles.
Esa cesta contiene varios cientos de artículos, agrupados en doce grandes grupos: alimentos y bebidas no alcohólicas, bebidas alcohólicas y tabaco, vestido y calzado, vivienda, menaje, sanidad, transporte, comunicaciones, ocio y cultura, enseñanza, restaurantes y hoteles, y otros bienes y servicios.
Para construirla, el INE recoge un volumen muy elevado de precios cada mes en establecimientos de toda España, además de fuentes administrativas y datos de escáner de grandes superficies.
Las ponderaciones: por qué no todo pesa igual
Este es el punto que más malentendidos genera. En el IPC no todos los productos cuentan lo mismo: cada uno pesa según la proporción del gasto de los hogares que representa.
Esas ponderaciones se obtienen fundamentalmente de la Encuesta de Presupuestos Familiares, que recoge en qué gastan realmente su dinero los hogares españoles, y se actualizan periódicamente.
La consecuencia es intuitiva: si el precio de la vivienda o de los alimentos sube, el IPC se mueve mucho, porque son partidas con un peso grande en el presupuesto medio. Si sube el precio de un artículo en el que se gasta muy poco, el efecto sobre el índice general es casi imperceptible aunque el porcentaje de subida sea llamativo.
Aquí está también el origen de la sensación de desajuste entre el dato oficial y la percepción personal: tus ponderaciones no son las del hogar medio.
Cómo leer el dato
Se publican dos variaciones y conviene no confundirlas:
- La variación mensual compara el mes actual con el anterior. Es muy sensible a la estacionalidad: rebajas, temporada turística, campaña escolar.
- La variación anual compara el mes actual con el mismo mes del año anterior. Es la que se usa como referencia de inflación y la que aparece en los titulares.
Hay un fenómeno que conviene conocer para interpretar los titulares: el efecto base. Si hace un año hubo una subida muy fuerte en un mes concreto, la comparación anual del mismo mes de este año puede dar un dato bajo aunque los precios sigan subiendo. El índice no ha bajado; simplemente se compara con un punto de partida alto.
Y una precisión importante: que la inflación baje no significa que bajen los precios. Significa que suben más despacio. Para que los precios bajasen haría falta una variación negativa, es decir, deflación.
Inflación subyacente
Junto al índice general se publica la inflación subyacente, que excluye los alimentos no elaborados y los productos energéticos.
La razón es que esos dos componentes son muy volátiles y dependen de factores externos —clima, mercados internacionales de materias primas, geopolítica— que pueden mover el índice general de forma brusca sin reflejar una tendencia de fondo.
La subyacente se considera un mejor indicador de la presión inflacionista estructural de la economía, y es a la que suelen prestar más atención los bancos centrales al tomar decisiones.
El IPCA y por qué existe
Además del IPC nacional, el INE calcula el IPCA: Índice de Precios de Consumo Armonizado.
Su función es permitir comparaciones homogéneas entre países de la Unión Europea, con una metodología común que corrige las diferencias entre los índices nacionales.
Es el índice que utiliza el Banco Central Europeo para valorar el cumplimiento de su objetivo de inflación en el conjunto de la zona euro. Por eso, cuando se habla de la inflación europea, el dato relevante es el armonizado y no el IPC de cada país.
Para qué se usa en la práctica
El IPC no es solo información: tiene efectos jurídicos y económicos directos:
- Revalorización de las pensiones contributivas, conforme al mecanismo previsto en la normativa de Seguridad Social.
- Actualización de rentas en contratos de arrendamiento, cuando así se haya pactado y dentro de los límites que fije la normativa vigente.
- Referencia en la negociación colectiva y en las cláusulas de revisión salarial.
- Actualización de determinadas prestaciones, tasas y contratos públicos.