La regla del 4 % es el atajo más citado del movimiento FIRE, y también uno de los peor entendidos. Dice, en su versión resumida, que puedes retirar cada año el 4 % de tu cartera inicial —ajustando esa cantidad con la inflación— sin quedarte sin dinero en un horizonte de unos 30 años.
Su utilidad práctica es que da la vuelta a la pregunta. En lugar de «¿cuánto podré retirar?», permite responder a «¿cuánto capital necesito?». Y la respuesta es directa: 25 veces tu gasto anual.
De dónde sale
El origen es el Trinity Study, un trabajo publicado en 1998 por tres profesores de la Trinity University que analizó qué habría pasado con distintas tasas de retirada aplicadas a carteras de acciones y bonos estadounidenses a lo largo del siglo XX.
La conclusión fue que una retirada inicial del 4 %, ajustada anualmente por inflación, sobrevivió a prácticamente todos los periodos de 30 años estudiados, incluidos los que arrancaban justo antes de una caída importante. De ahí salió el número redondo que hoy se repite en todas partes.
Es importante quedarse con la letra pequeña: es un estudio histórico, sobre un mercado concreto, en un periodo concreto y con un horizonte de 30 años. No es una ley física.
Cómo se aplica
El cálculo tiene dos pasos y ninguno tiene misterio.
Primero, calcula tu gasto anual real. No el que te gustaría tener: el que tienes, sumando también los gastos que no aparecen cada mes (seguros, IBI, revisiones del coche, vacaciones).
Segundo, multiplícalo por 25. Si gastas 24.000 € al año, necesitarías unos 600.000 €. Si gastas 30.000 €, unos 750.000 €.
La simetría interesante es que reducir el gasto trabaja por partida doble: te permite ahorrar más y, a la vez, baja la meta que tienes que alcanzar. Cada 1.000 € de gasto anual que recortas de forma permanente rebaja el objetivo en 25.000 €.
Los límites que rara vez se mencionan
Aquí es donde la regla necesita matices, y son importantes si estás usándola para tomar una decisión real:
- El horizonte era de 30 años. Si te retiras a los 45, tu horizonte puede ser de 45 o 50 años, y la probabilidad de agotar la cartera aumenta. Para retiradas muy tempranas se suele trabajar con tasas algo más conservadoras.
- Los datos son estadounidenses. La bolsa de EE. UU. tuvo un siglo XX excepcionalmente bueno. Aplicar la misma tasa a otro mercado o a una cartera muy distinta es una extrapolación, no un resultado del estudio.
- No incluye impuestos ni comisiones. En España, rescatar inversiones tributa en la base del ahorro, y esa factura sale de tu retirada. Si necesitas 24.000 € netos, tienes que retirar bastante más de 24.000 € brutos.
- Asume que gastas lo mismo cada año. En la vida real el gasto sube y baja: hay años con una obra en casa y años tranquilos.
- El orden de las rentabilidades importa muchísimo. Una caída fuerte en los primeros años de retirada hace mucho más daño que la misma caída veinte años después, porque estás vendiendo participaciones baratas justo cuando la cartera aún tiene que durar mucho. Se conoce como riesgo de secuencia de rentabilidades.
El riesgo de secuencia, con un ejemplo
Dos personas se retiran con 600.000 € y retiran 24.000 € al año. Ambas obtienen la misma rentabilidad media a lo largo de 30 años. La única diferencia es el orden en que llegan los buenos y los malos años.
A la primera le tocan los tres peores años nada más empezar. A la segunda, esos mismos tres años pero al final del periodo. La primera puede quedarse sin dinero; la segunda, terminar con más capital del que empezó. Misma media, resultado opuesto.
Esto explica por qué mucha gente que planifica una retirada temprana mantiene un colchón en activos estables para los primeros años: no por rentabilidad, sino para no verse obligada a vender en una caída.
Cómo usarla sin que te dé una falsa seguridad
La regla del 4 % funciona muy bien como referencia de orden de magnitud y bastante peor como plan detallado. Algunas formas razonables de usarla:
- Como brújula, no como GPS. Sirve para saber si tu objetivo está en 300.000 € o en 900.000 €. No para decidir la fecha exacta de tu último día de trabajo.
- Probando tasas alternativas. Calcular también con un 3 % (33 veces el gasto) da una idea del margen de seguridad. Si la diferencia entre ambos escenarios cambia tu decisión, probablemente estás demasiado justo.
- Con retirada flexible. Muchas de las estrategias que mejor aguantan en las simulaciones consisten simplemente en retirar algo menos los años malos. No hace falta un modelo complejo: basta con no tener el gasto tan ajustado que no puedas recortar nada.
Y una última idea que suele pasarse por alto: la regla asume una retirada rígida y automática durante décadas, algo que casi nadie hace en la práctica. Las personas reales ajustan, trabajan a ratos, cobran cosas puntuales y cambian de planes. Esa flexibilidad, que el modelo no recoge, es en sí misma un margen de seguridad.