En Estados Unidos existen cuentas específicas para ahorrar a los estudios de los hijos, con ventajas fiscales asociadas. En España no hay equivalente: no existe ninguna figura de ahorro educativo con tratamiento fiscal propio.
Eso simplifica la decisión, porque elimina la pregunta «¿qué producto especial contrato?». Y la complica en otro sentido: hay que construirlo con las herramientas generales, y ahí las decisiones de a nombre de quién y en qué producto sí importan.
Cuánto dinero hace falta, en órdenes de magnitud
Antes de elegir producto conviene dimensionar el objetivo, porque cambia mucho según el escenario.
Un grado en universidad pública viviendo en casa es sobre todo matrícula y material. Un grado en universidad pública fuera de casa añade alojamiento y manutención, que suele ser la partida dominante. Un grado privado o un máster multiplican la matrícula. Y estudiar fuera de España es otro orden de magnitud.
La cifra concreta depende demasiado de la comunidad, la universidad y la situación para dar un número único. Lo útil es fijar tu escenario, ponerle un importe total y dividirlo entre los años que faltan.
La única ventaja real que tienes: el tiempo
Sin ventajas fiscales específicas, la palanca que queda es el horizonte, y es una palanca enorme.
Empezar cuando el niño nace da dieciocho años de capitalización. Empezar a los diez años deja ocho. Con la misma aportación mensual y la misma rentabilidad, la diferencia entre ambos escenarios no es proporcional: es mucho mayor, porque el interés compuesto trabaja sobre el tiempo de forma exponencial.
La conclusión práctica: la decisión más rentable de todas es empezar pronto, aunque sea con poco. Cien euros al mes desde el nacimiento superan holgadamente a doscientos euros al mes desde los diez años.
A nombre de quién: la decisión que más consecuencias tiene
Hay dos caminos y no son equivalentes.
- A tu nombre. Mantienes el control absoluto: decides cuándo y en qué se usa el dinero. La rentabilidad tributa en tu IRPF, en la base del ahorro. Y si el hijo pide una beca, ese patrimonio es tuyo, no suyo.
- A nombre del hijo. El dinero es legalmente suyo desde el primer día. A los 18 años puede disponer libremente de él, se destine a estudios o a cualquier otra cosa. Los rendimientos tributan en su declaración, lo que puede ser ventajoso si no tiene otras rentas, pero el patrimonio computa a efectos de becas y ayudas.
Además, aportar de forma sistemática a una cuenta a nombre del menor puede tener implicaciones en el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones, cuya normativa está cedida a las comunidades autónomas y varía mucho entre ellas.
Para la mayoría de las familias, mantener el ahorro a nombre de los padres y transferirlo cuando llegue el momento es la opción más simple y con menos efectos secundarios. Si el objetivo explícito es donar, conviene consultarlo antes con un asesor fiscal de tu comunidad.
En qué invertirlo según el plazo
La regla general del ahorro finalista aplica aquí con especial claridad, porque la fecha de necesidad es conocida y no se puede posponer: el niño empieza la universidad cuando le toca.
- Más de diez años por delante: tiene sentido asumir riesgo de mercado, típicamente con fondos indexados globales de bajo coste, porque hay margen para recuperarse de una caída.
- Entre cinco y diez años: conviene ir reduciendo exposición a renta variable de forma progresiva.
- Menos de cinco años: el objetivo pasa a ser preservar. Cuentas remuneradas, depósitos o renta fija a corto plazo. Que una caída del mercado coincida con el año de la matrícula es un riesgo que no compensa.
Ese descenso progresivo del riesgo a medida que se acerca la fecha es lo que en jerga se llama «glide path», y es la diferencia entre un plan que funciona y uno que depende de la suerte del último año.
Los seguros de ahorro para estudios
Las aseguradoras comercializan productos específicamente etiquetados como ahorro para estudios. Conviene mirarlos con lupa antes de contratarlos.
Su ventaja habitual es la disciplina —te obligan a aportar— y, en algunos casos, coberturas de fallecimiento o invalidez del tomador que garantizan que el plan continúa. Eso puede tener valor real en una familia con un solo ingreso.
Sus inconvenientes suelen ser las comisiones, notablemente más altas que las de un fondo indexado, la rigidez de las aportaciones y las penalizaciones por rescate anticipado. Pide siempre la rentabilidad neta de comisiones y compárala con la alternativa de un fondo indexado más un seguro de vida temporal contratado por separado. Muy a menudo esa combinación sale mejor.
Antes de ahorrar para los estudios
Dos comprobaciones que ordenan las prioridades:
- Tu propia jubilación va antes. Es contraintuitivo, pero para pagar unos estudios existen becas, préstamos y trabajo a tiempo parcial. Para pagar tu jubilación no hay nada de eso. Un hijo puede endeudarse para estudiar; nadie puede endeudarse para vivir a los 80.
- El fondo de emergencia también va antes. Ahorrar para 2043 sin tener cubierto un imprevisto de 2027 es construir el tejado antes que los cimientos.
Y una nota sobre becas: el sistema español de becas universitarias es relevante y su concesión depende de umbrales de renta y patrimonio familiar. Conviene conocer esos umbrales con antelación, porque la forma en que estructures el ahorro puede afectar al resultado. Los requisitos se publican cada curso en la convocatoria del Ministerio correspondiente.