Necesitas 40.000 € para reformar. Tienes tres caminos: ampliar la hipoteca, pedir un préstamo personal o usar ahorro. Y la respuesta intuitiva —«la hipoteca es más barata»— es cierta en el tipo de interés y con frecuencia falsa en el coste total.
Opción 1: ampliar la hipoteca
Consiste en modificar tu préstamo hipotecario para aumentar el capital, normalmente mediante una novación con tu banco actual o cambiando de entidad.
- A favor: el tipo de interés es mucho más bajo, porque hay una garantía real detrás. La cuota mensual sube poco, porque el plazo es largo.
- En contra: hay gastos de la operación —tasación, notaría, registro, posible comisión de novación—, y sobre todo hay un coste de plazo. Pagar 40.000 € a veinte años al 3 % cuesta más en intereses totales que pagarlos a siete años al 8 %.
- Y el riesgo cambia de naturaleza: conviertes una deuda sin garantía en deuda garantizada con tu vivienda. Si dejas de pagar, lo que está en juego es la casa.
Opción 2: préstamo personal
Un préstamo al consumo finalista para reforma, sin garantía hipotecaria.
- A favor: se tramita en días, no en semanas; no hay gastos de notaría ni registro; el plazo corto obliga a terminar de pagarlo pronto; y no compromete la vivienda.
- En contra: el tipo es sensiblemente más alto y la cuota mensual pesa mucho más en el presupuesto.
- Muchas entidades ofrecen condiciones algo mejores en préstamos finalistas para reforma o eficiencia energética que en un préstamo al consumo genérico. Merece la pena preguntarlo explícitamente.
Opción 3: pagar con ahorro
La opción que no se plantea suficiente. Si tienes el dinero, el coste no es cero —es la rentabilidad que dejas de obtener— pero suele ser muy inferior al tipo de cualquier préstamo.
Con una condición innegociable: no vaciar el fondo de emergencia. Reformar la cocina y quedarse sin colchón es cambiar un problema conocido por uno desconocido.
La comparación que importa: coste total, no cuota
Un ejemplo con números redondos para 40.000 €:
- Ampliación de hipoteca a 20 años al 3 %: cuota de unos 222 €, unos 13.200 € de intereses totales, más los gastos de la operación.
- Préstamo personal a 7 años al 8 %: cuota de unos 623 €, unos 12.400 € de intereses totales, sin gastos de notaría.
La hipoteca gana claramente en cuota mensual —casi 400 € menos— y no gana en intereses totales. Es el mismo mecanismo que hay detrás de cualquier oferta de reunificación de deudas: bajar la cuota alargando el plazo no abarata la operación, la reparte.
Cuál conviene depende de qué problema tengas. Si el problema es que no te cabe la cuota en el presupuesto, la hipoteca. Si el problema es pagar lo menos posible por el dinero, calcula los dos totales antes de decidir.
Lo que sí es un argumento a favor de la hipoteca
Hay un caso donde ampliar la hipoteca es claramente mejor: cuando la reforma aumenta el valor del inmueble de forma significativa y el horizonte de tenencia es largo.
Y otro, menos obvio: si la reforma es una mejora en sentido fiscal —ampliación de superficie, habitabilidad o vida útil—, ese importe suma al valor de adquisición cuando vendas y reduce la ganancia sujeta a IRPF. Guarda las facturas y las licencias de obra en cualquier caso.
Antes de firmar nada
Da igual la opción que elijas: estas cinco comprobaciones evitan la mayoría de los disgustos.
- Compara siempre por TAE, no por TIN. La TAE incorpora comisiones y periodicidad, que es donde se esconden las diferencias.
- Pide el coste total del crédito por escrito, no solo la cuota.
- Vigila las vinculaciones. Domiciliar nómina puede ser razonable; contratar seguros de vida y hogar caros de la propia entidad para bajar unas décimas el tipo, casi nunca lo es.
- Si amplías la hipoteca, comprueba la comisión de novación y si el nuevo tipo se aplica a todo el capital o solo al ampliado.
- Y calcula tu ratio de endeudamiento con la cuota nueva incluida antes de comprometerte.
Una última idea: en España no existe una figura equivalente a la línea de crédito con garantía hipotecaria que se usa en otros países para reformas. Lo más parecido es la ampliación de capital de la hipoteca o el crédito con garantía hipotecaria, que son productos distintos y con condiciones muy variables según la entidad. Desconfía de cualquier producto que se venda como «línea de crédito sobre tu vivienda» sin ver antes la TAE y el cuadro de amortización completo.