Cuando hay varias deudas a la vez —una tarjeta, un préstamo del coche, un crédito de tienda— la pregunta no es si pagarlas, sino en qué orden. Y hay dos respuestas clásicas que llevan décadas discutiéndose.
Los dos métodos
Ambos comparten el mismo mecanismo de fondo: pagas la cuota mínima de todas las deudas y vuelcas cada euro extra en una sola. Cuando esa muere, su cuota mínima no se libera para gastar: se suma al ataque de la siguiente. Por eso el ritmo se acelera cada vez más.
La diferencia está solo en cuál eliges como objetivo.
- Avalancha: primero la deuda con el tipo de interés más alto. Es el óptimo matemático: siempre paga los mismos intereses o menos, nunca más.
- Bola de nieve: primero la deuda con el saldo más pequeño, sea cual sea su tipo. Cuesta algo más, pero liquida deudas antes.
Cuánto cuesta elegir la bola de nieve
La respuesta honesta es: mucho menos de lo que sugiere el debate. Con un ejemplo realista de tres deudas —una tarjeta revolving de 3.000 € al 24 %, un préstamo personal de 8.000 € al 8 % y un crédito de tienda de 900 € al 15 %, con 200 € extra al mes—:
- Avalancha: 26 meses y unos 1.429 € de intereses. Orden: la revolving primero, luego el crédito de tienda, y el préstamo al final.
- Bola de nieve: 27 meses y unos 1.491 € de intereses. Orden: el crédito de tienda en el mes 4, la revolving después, y el préstamo al final.
La diferencia son 62 € y un mes. Con esas cifras, la bola de nieve es perfectamente defendible: tachar una deuda entera en el cuarto mes vale más de 62 € en motivación para mucha gente, y la mayoría de los planes de pago no fracasan por mal diseño, fracasan por abandono.
El cálculo cambia cuando la deuda cara es grande. Si la revolving fueran 15.000 € en vez de 3.000, la avalancha podría ahorrar miles. La regla práctica: calcula la diferencia en tu caso concreto y decide con esa cifra delante, no con la teoría.
La trampa de la cuota mínima
Hay una situación en la que ningún método funciona, y conviene detectarla antes que nada: cuando la cuota mínima no cubre ni los intereses del mes.
Con un saldo de 5.000 € al 24 % TIN, los intereses del primer mes son 100 €. Si la cuota mínima es de 50 €, el saldo sube en lugar de bajar. No es que tardes mucho: es que la deuda no se liquida jamás.
Es exactamente lo que ocurre con una tarjeta revolving pagando el mínimo, y es la razón por la que ese producto ha generado tanta litigiosidad. Si es tu caso, el orden de ataque es irrelevante: lo primero es aumentar el pago mensual o bajar el tipo.
La palanca que importa más que el método
Elegir avalancha en vez de bola de nieve suele mover un mes y unas decenas de euros. Pasar de 0 € a 200 € extra al mes cambia el plan de años a meses.
Dicho de otro modo: la discusión sobre el orden es interesante, pero secundaria. Las tres cosas que de verdad determinan cuándo sales de deudas son cuánto puedes aportar cada mes, cuál es el tipo de tu deuda más cara y si dejas de generar deuda nueva.
Ese último punto no es menor: cualquier plan asume que dejas de usar la tarjeta. Si sigues cargando gastos, la simulación no describe tu realidad.
Antes de empezar: un colchón mínimo
Puede parecer contraintuitivo apartar dinero mientras pagas un 22 % de interés, pero funciona mejor así.
Sin ningún colchón, el primer imprevisto —una avería, una reparación, un mes malo— vuelve a la tarjeta y deshace meses de plan. Con un mes de gastos cubierto, el plan sobrevive a los imprevistos.
La secuencia habitual es: un mes de gastos ahorrado, después atacar la deuda cara con todo, y al terminar completar el fondo de emergencia hasta el objetivo que te corresponda.
¿Y reunificar?
Solo si el tipo resultante es más bajo y el plazo no se alarga tanto que acabes pagando más en total.
La reunificación suele venderse por la cuota mensual, que baja, y ese descenso se consigue alargando el plazo. Eso puede aumentar los intereses totales aunque el tipo baje. Compara siempre el coste total, no la cuota, e incluye las comisiones de apertura.
Y presta atención a un detalle que cambia el riesgo por completo: si la reunificación convierte deuda sin garantía en deuda hipotecaria, lo que está en juego pasa a ser tu vivienda.
Sobre los límites al interés conviene saber que existen: la Ley de 23 de julio de 1908 sobre nulidad de los contratos de préstamos usurarios permite anular los préstamos con un interés notablemente superior al normal del dinero y desproporcionado a las circunstancias. El Tribunal Supremo la ha aplicado a tarjetas revolving comparando su TAE con los tipos medios que publica el Banco de España para ese mismo tipo de producto. Si tu TAE se aleja mucho de esa referencia, merece que un abogado lo revise.